Francisco Cano Domínguez (1930-2019)
Aunque ya tenía síntomas desde 2011, mi padre fue diagnosticado de Alzheimer en el año 2014. Tras estar cuidándole a diario las 24 horas desde finales de 2012, en agosto de 2016 decidí ingresarle en una residencia de ancianos. En el momento en que tomo esa decisión, yo me encuentro agotado física y mentalmente, aunque el mayor detonante para tomarla es que ya no reconoce a ningún familiar cercano. Con el paso de los años, y contando con la experiencia que he adquirido hasta la fecha de hoy (julio del año 2020), sin duda alguna me arrepiento de haberlo hecho.
El día de su ingreso en la residencia todo parecía perfecto, y que iba a estar bien cuidado, con profesionales cualificados e instalaciones ideales para el y demás usuarios. Nada más lejos de la realidad, y más siendo una residencia privada. Él entró andando por su propio pie, ya que estaba en buenas condiciones físicas. En la primera visita que le hicimos, una semana después de su ingreso, dos auxiliares tuvieron que traerle, agarrándole uno de cada brazo. Apenas podía andar e iba con la cabeza echada hacia un lado. En ese momento, sentí una frustración que jamás había sentido.
Mi reacción a los pocos segundos de esta primera fue ir directamente a hablar con el médico de la residencia, en este caso una doctora (por llamarla algo). Después de mantener una conversación con ella, ya se podía ver que mejor se podría dedicar a buscar moscas por encima de su cabeza. Le preguné qué había pasado para que mi padre estuviera en el estado en que se encontraba. Su contestación es que se ponía muy nervioso y agresivo, y según ella le habían dado algún tranquilizante. Llevaba conmigo varios años y lo único que le daba era algún Lexatin, Memantina y sus pastillas habituales, comunes en cualquier persona de su edad. Sobra decir que ni mucho menos estuvo nunca en ese estado tan lamentable bajo mi cuidado. Sin duda, fue mucha más cantidad de la que ella sugirió, y probablemente alguna inyección. También pudo deberse a falta de personal, cualificado o no, para atender a personas con cualquier tipo de demencia. Aunque, lógicamente, no puedo demostrarlo.
También pregunté a la ‘doctora’ si le habían dado tabaco. Él fumaba casi dos paquetes diarios, y al ingresarle hice hincapié en ello, dejando suficientes para varios días. Su respuesta textual fue »No ha pedido nada». Enfadado, yo le respondí »¿Y usted se dedica a esto? ¿Como le va a pedir nada teniendo Alzheimer grado 3? ¿Cree que que es capaz de pedirle tabaco o un filete con patatas?». Con la cabeza medio agachada. y hablando con un tono que solo se oía ella misma, se dio la vuelta y se marchó. Esta fue la primera y única vez que hable con esa doctora. La gente que fuma sabe lo mal que se pasa intentando dejarlo: nervios, irritación, etc. Para saber sus reacciones por la falta de nicotina, lo único que podemos hacer es imaginárnoslo.
En la siguiente visita se encontraba algo mejor. Andaba solo, aunque bastante más despacio de lo que lo hacía en el momento de ingresarle, y estaba tranquilo. En estas dos semanas dio un importante bajón físico. Lo único positivo que saco de toda su estancia en esa residencia es que dejó de necesitar el tabaco. Fumar es de los pocos placeres que le quedaban en la vida, aunque hubiera sido más correcto ir bajándole poco a poco la dosis de cigarrillos hasta dejarlo del todo. Lo que sí tengo muy claro es que obligarle a dejar el tabaco de golpe no fue bueno para él, pero sí muy cómodo para la residencia. Era una preocupación menos para ellos.
En las siguientes visitas, se veía claramente que cada semana que pasaba le costaba más andar y hablar. A partir de la tercera, cada día que íbamos le faltaba una parte de su dentadura postiza. Informábamos de ello a auxiliares o en recepción y la buscaban. A veces aparecía en su habitación; otras, en su bolsillo. Nos comentaban los trabajadores que se la quitaba en muchas ocasiones. Me sonaba a excusa, aunque no llegué a dar mi opinión al respecto en la residencia. Para que no ocurriera, deberían estar atentos los trabajadores de la misma residencia, siendo responsable de dicha deficiencia en el cuidado la dirección del centro.
Se me ocurren dos motivos por los que en cada visita le faltaba parte de la dentadura o incluso entera. Uno es que no había el suficiente personal para tener controlado todo lo que sucede a los usuarios. El otro es que tal vez les interese tener sin dientes a las personas con demencia, para que la elaboración de su comida sea mas sencilla y económica. Total, ellos no se pueden quejar ni defender.
Tras varias visitas, llego el día en el que no fueron capaces de encontrar la dentadura. Ese día nos fuimos y aúno había aparecido. Que la buscarán, nos decían. En la siguiente visita tampoco la tenía, y nunca apareció.
Por suerte, le concedieron una plaza pública en una residencia de la Comunidad de Madrid. Tenía que ingresar en esta nueva residencia a primeros de octubre, así que decidí sacar a mi padre de la otra el último día de septiembre. Estuvo en casa una semana. Me llevé una sorpresa muy desagradable, increíble pero cierta. Después de que mi padre llevara varias semanas sin dentadura, al irnos definitivamente de esta residencia privada, les exigí días antes que la localizaran y nos la entregaran. Me aseguraba la dirección que no habría ningún problema. Estando todo predispuesto para irnos, mi padre en el coche con todas sus pertenencias, y yo esperando a la recepcionista, que me acababa de decir que ya tenían la dentadura, me la entregó en una bolsita de plástico. Ese mismo día iba a dar de comer a mi padre, y al intentar ponérsela, descubrí que no eran sus dientes postizos. No encajaban, y a simple vista yo no los reconocía, cuando estuve varios años limpiando su dentadura a diario. Confié en la palabra de la residencia y no lo comprobé delante de ellos. Les llamé para informar del posible mal entendido. pero ellos no aceptaban la equivocación, y no se hacían responsables, ya que yo ya había firmado su salida de la residencia. Solo hay dos posibles motivos para que me dieran una dentadura que no era la suya: o se la quitaron a otro usuario (dejando sin dientes a otro usuario) o era la dentadura de alguien ya fallecido. Cada cual que saque sus conclusiones. Puse una denuncia en Dependencia. En la respuesta a esta denuncia, me daban a entender que la Comunidad de Madrid hacía inspecciones regularmente a centros privados, y si quería denunciar a la residencia, tenía que hacerlo en los juzgados por mi cuenta. No quise hacerlo porque eso me provocaría mas estrés, frustración y quebraderos de cabeza.

Llegó el día en el que ingresó en su nueva residencia, pública esta vez. Nada que ver con la privada en la que estuvo. Se encontró infinitamente mejor cuidado y atendido. En menos de dos meses casi acabaron con mi padre en aquel lugar. En los centros de la Comunidad de Madrid, por norma general intentan dar la menor cantidad de medicación posible. Al contrario que en el otro lugar, tienen a las personas con cualquier tipo de demencia separadas del resto de usuarios que estén en sus plenas facultades mentales. También disponen grupos de trabajadores específicos para ellos (auxiliares, enfermeros, médicos). Incluso disponían de peluquería y protésico dental, aparte de diferentes espacios para el ocio y de los usuarios sin demencia: biblioteca, iglesia, etc.
Aprovechando que había una protésica dental en la residencia, le llevé y le hice una dentadura postiza nueva. Tardó unas semanas en terminarla pero, por desgracia, no la pudo utilizar. Al ponérsela y darle una galleta para que la probara, no se hacía a ella. Parecía que se le había olvidado masticar. Y es que, entre unas cosas y otras, llevaba casi dos meses sin comer con dientes. Hablando con auxiliares sobre el tema de la dentadura, decidimos que a partir de ese momento no la volvería a usar. Se puede tener una buena alimentación sin dentadura, aunque lógicamente con ella podría haber degustado comidas que ya no pudo volver a comer.
Estuvo unos tres años en esta residencia. Las primeras semanas, y después de dar un gran bajón físico en la primera residencia, se mantenía en el mismo estado. Con el paso de los meses, su degeneración se iba notando. Se veía claramente que era por la demencia, y no por que no estuviera lo suficientemente atendido.
Por mi experiencia, pienso que en las residencias públicas las personas con demencia están mejor atendidas que en las privadas, pero aún así se podría hacer muchísimo más por ellos. Como ejemplo pongo a Tomás y todo lo que hemos hecho su hija y yo con él, con un cuidado personalizado. En cualquier residencia, privada o pública, es inviable realizar las acciones que yo he llegado a hacer con Tomás, ya que para ello las autoridades competentes deberían triplicar o incluso cuadruplicar el personal. Por lo que yo vi en la residencia de la Comunidad de Madrid, están bien atendidos pero poco estimulados. Meten en un recinto a unas 25 o 30 personas con demencia, y la mayoría del tiempo están sentados o deambulando solos por las instalaciones. Para todo ese grupo de personas hay 4 o 5 auxiliares pendientes de ellos, para atenderles en sus necesidades básicas.
José Cobo López (1936-2019)
Hermano de Tomás, soltero y sin hijos, vivió sus últimos años (salvo sus últimos meses) en la casa-residencia en donde casi acaban con la vida de su hermano en algo mas de un mes. Era un hombre tranquilo y poco hablador, aparentemente bien atendido. Fui en varias ocasiones a visitarle con su sobrina Loli y su hermano Tomás. Por las preguntas que le hacíamos, parecía estar contento. Tenía una amiga en la residencia, y creía ser su novio. No le hacia ningún mal pensar así, y le seguíamos la corriente.
Aparte de nosotros, nadie más le hizo alguna visita, pese a que tenía tres hermanas más y varios sobrinos. Loli era quien se encargaba de suministrar cualquier cosa que solicitara la residencia. En definitiva. los años que estuvo viviendo ahí estuvo bien atendido.
A mediados del año 2019, José fue diagnosticado con principio de demencia. Empezó a tener agresividad, desorientación y todos los síntomas derivados que suele tener una persona al padecer algún tipo de demencia. La dirección del centro habló con Loli al respecto, y le comunicó que tenia que buscar otra residencia para José. De esta manera, quedó claro que cuando admitieron a Tomás ya sabían que no estaban capacitados ni preparados para atender personas con demencia.
En pocas semanas, Loli encontró otra residencia. El propietario, que también era el médico de esta nueva casa-residencia, le aseguró que estaban preparados para atender a personas con demencia. Había allí unos 20 usuarios.
Fuimos a visitarle en un par de ocasiones. Al verle, parecía estar bien. Se comportaba del mismo modo que cuando estaba en la anterior residencia y aún no estaba diagnosticado de demencia. El médico hablo con Loli y le comentó que todo estaba controlado; en ese momento solo mostraba enfados al querer desvestirle o decirle que guardara sus objetos personales. Eso sí, por las noches, al acostarle, salía de la habitación y bajaba a la planta de abajo sin hacer caso a las cuidadoras/es.
Loli fue sola a verle en alguna ocasión días o semanas antes de fallecer. Me comentó que le veía muy apagado, y pasados cuatro meses desde su ingreso, José falleció.
En las dos ocasiones en las que fui a visitarle con Loli, me fijé en líneas generales de lo que es una residencia de este estilo. Tienen dos o tres cuidadores o auxiliares para toda la casa y ellos mismos se encargan de la limpieza, cocina y usuarios, conviviendo en los espacios comunes las personas con toda su capacidad mental y los que tienen algún tipo de demencia. Desconozco si había alguna persona más con algún tipo de demencia, pero yo saco mis conclusiones de lo que sucedió con José. Estando bien físicamente, cuatro meses después falleció.
Tomás Cobo López 1931-
Tomás estuvo poco más de un mes viviendo en la misma residencia donde su hermano José estuvo varios años. Ingresó con demencia grado 2 diagnosticada, y salió como ya hemos visto en la historia y en su día a día. Pese a casos así, la dirección del centro, como es lógico, describe el lugar como un sitio ideal y con profesionales cualificados. Se autodefinen como un centro preparado para atender y cuidar a cualquier persona independientemente del estado cognitivo que padezca.
Poco hay que explicar del caso de Tomás. Viendo el resultado, está muy claro que no estaban preparados para atender a ninguna persona con demencia. Es un negocio, y su única pretensión es tener un nuevo usuario y ingresos que proporciona. Cuando las personas están en sus plenas facultades físicas y mentales, tal vez se puedan apañar con el mínimo de personal para así tener mas beneficios económico. Pero cuando se encuentran en la situación de atender y cuidar a una persona totalmente dependiente, y tiene que ser supervisada y atendida las 24 horas del día, se dan cuenta de que no están capacitados para ello, simplemente por falta de personal o tal vez por no estar cualificado para ello; personalmente, me decanto por lo primero, ya que el estar cualificado en este campo, en mi opinión, se adquiere con experiencia y siendo empático al 100 por 100.
Al no estar preparados para atender a Tomás, buscaron la solución más sencilla para ellos: atiborrarle a pastillas o lo que el médico del negocio creyera oportuno.
El lugar y el nombre de todas estas residencias de la que hablo me lo reservo para mí. Lógicamente, yo no puedo demostrar qué les administraron en su cuerpo, pero sí puedo narrar estas experiencias verídicas que viví en primera persona.
Experiencia personal mía en un centro de personas con discapacidad física e intelectual de la comunidad de Madrid (julio-diciembre 2017).
El día antes de empezar a trabajar como técnico auxiliar sociosanitario, estuve en el centro recogiendo la uniformidad y la llave de la taquilla. Después de eso, conocí al que durante algo más de un mes sería mi jefe, llamémosle JC JATA. En un principio, apenas me miro a la cara, y me indico que le siguiera a su despacho para explicarme algunas cosas y darme el cuadrante. Los dos estábamos en silencio dentro del despacho mientras preparaba lo que me tenía que dar e informar.
No recuerdo como empezó nuestra conversación en ese momento, pero le conté mi experiencia con mi padre durante varios años. En ese mismo momento, le cambió el semblante de la cara, y acto seguido se levanto de su silla para darme la mano. Me dio a entender que mucha gente que pasaba por ese centro para trabajar no tenia empatía, no querían aprender e incluso algunos no trataban como se deberían de tratar a los usuarios de este centro de discapacitados. Tuvimos una charla fluida de lo que una persona debe de tener para dedicarse a cuidar personas dependientes, y al contarle mi experiencia dedujo que yo lo tenía. Tras esa conversación, entendí su actitud fría y distante al conocerme a mí o a cualquier otra persona que fuera a empezar a trabajar allí.
Mi primer día de trabajo transcurrió con normalidad. Era algo parecido a cuidar a mi padre, pero en compañía de otros muchos usuarios y compañeros. Yo no sabía ni que existían pañales para personas dependientes, y lógicamente tampoco cómo ponerlos. Con alguna indicación de los compañeros, y algún día de práctica, se aprende sin ningún problema. Cada usuario tenía sus peculiaridades; día a día, y al mismo tiempo que vas conociéndolos sabes como tratar a cada uno de ellos en todos los sentidos.
Mi segundo día de trabajo transcurrió también con normalidad hasta la hora de acostarles. Cada usuario tiene sus peculiaridades, y hay que hacerlo de diferentes maneras y formas. A algunos los puede acostar una persona sola, pero para la mayoría se necesitan dos técnicos. Me pusieron de compañera a una técnico auxiliar con unos 25 años de experiencia. Ya que era mi segundo día esperaba que me fuera indicando cómo hacer las cosas con cada uno de los chavales (así los llamábamos, un apelativo cariñoso) que íbamos a acostar juntos.
Antes de empezar a acostar a los usuarios, aún están cenando, y hay que subirlos una planta por el ascensor. En este momento comenzó mi odisea en este centro de trabajo. Vi a la compañera que hoy iba a acostar conmigo a los chavales lanzar una silla de ruedas con un usuario sentado hacia dentro del ascensor, y chocó contra la pared del mismo. Acto seguido, volvió con otra persona y lanzó la silla también, chocándose con la otra. Me quedé sorprendido, pero no dije nada en ese momento.
Estando todos los chavales ya en las habitaciones, empezamos a acostarlos. Unos nos esperaban sentados en su silla de ruedas; otros, sentados en la cama o en algún asiento. Al empezar a acostar a la primera mujer, ya noté que mi compañera estaba de mal humor. No me hablaba, y a mí entender estaba. muy quemada. Se suponía que me debía indicar cómo hacer las cosas para enseñarme y acostarles, sin peligro para ellos y de buenas formas.
Entre los dos cambiamos a otra mujer desde su silla de ruedas hasta la cama, sin dirigirme la palabra. La compañera, a toda velocidad, la empieza a desvestir, al mismo tiempo que refunfuña. Al quitarle el pantalón, vio que tenía caca en el pañal. Sus palabras textuales fueron »¡Vieja asquerosa, ya te has vuelto a cagar, voy a dejar la ventana abierta para que te vea el viejo de ahí enfrente!». Yo me quedé nuevamente sorprendido, y con ganas de decirle algo. Primero vi lo de las sillas, ahora esto. En mi segundo día de trabajo, me encontraba algo desubicado.
Procedimos a acostar a otra mujer que también estaba en silla de ruedas, indefensa y sin poder ni siquiera hablar. La idea es colocar su silla a la altura de la cama, y empujarla rodando sobre su cuerpo hasta que esté tumbada en ella. Yo dije a la compañera que podíamos cogerla como a la anterior, y colocarla de un movimiento en la cama. Me respondió que pesaba mucho, y antes de yo poder colocarme en un lado de la mujer, para hacerla rodar con suavidad y seguridad, esta técnico la pegó un gran empujón sin contar conmigo, y la hizo rodar hacia la cama. Yo vi que mientras rodaba entre la silla y la cama, se le iba torciendo el cuello, y corría peligro de hacerse daño en la maniobra. Acto seguido, la dio un un golpe en la nuca con la mano, y se dirigió a acostar a la siguiente usuaria. En ese momento yo me puse bastante nervioso, y le pregunté que si quería que yo me fuese y que viniera otro compañero. Ella me respondió que no, que me han puesto con ella y es lo que hay. Intuyendo yo que me daría esa respuesta, mi reacción fue decirle que no le iba a permitir lo que estaba haciendo. Mientras ella intentaba acostar a otra mujer, yo le pregunté su nombre. Se quedó en silencio. Ante mi insistencia y su falta de respuesta, fui a la habitación de al lado y pregunté a dos técnicos que estaban ahí el nombre de mi compañera. Ninguna me lo quiso decir. Que no querían problemas, decían. Eran cerca de las diez de la noche, y no sabía quién era el responsable del centro en ese momento. Se lo pregunte a las dos técnicos de la habitación contigua, y eso si me lo dijeron. Era el enfermero quien estaba al mando.
Fui a enfermería, le conté todo lo que había hecho esa técnico, y los dos fuimos a buscarla. No la encontrábamos por ninguna parte, y él tampoco sabía su nombre. Fuimos preguntando a los compañeros que veíamos por el centro, pero ninguno nos los dijo. Preguntamos a otra técnico que nos cruzamos por las escaleras, y ésta sí que nos dijo su nombre con apellido (al día siguiente, resultó que el nombre era correcto pero el apellido no). Con ayuda del enfermero, puse una denuncia contra ella por escrito. Hice una copia para la directora y otra para el JATA.
Momentos antes de escribir la denuncia, la misma compañera que nos dio su nombre mal me insistía en que no lo hiciera, que luego los compañeros me darían de lado. Yo le respondí que si algún compañero permite los malos tratos, estoy de acuerdo en que no me dirija la palabra.
Al día siguiente, la técnico a la que denuncié no fue a trabajar. Casualmente, se puso enferma. Tuve una reunión con la directora y el JATA. Ella me preguntó si me ratificaba en lo que había descrito y le respondí que sí. La tarde siguiente volvió a trabajar esta mujer, Sonsoles se llamaba. En el despacho del JATA nos reunieron a ella, a la representante de los trabajadores y a mí. Como era de esperar, Sonsoles minimizó lo que pudo algunas de sus acciones e incluso negó otras. Era mi palabra contra la suya, pero aún así JC JATA le recordó que él mismo la había visto por los pasillos hablando de malos modos a los usuarios. Después de esa reunión. me llamo la directora y me dijo que. al ser mi palabra contra la suya, solo podía abrir un expediente sin ninguna consecuencia laboral para Sonsoles. Mi respuesta a la directora fue que hiciera lo que creyera conveniente.
El JATA se fue de vacaciones, pero al volver había pedido el traslado a otro centro de la Comunidad de Madrid. Tengo entendido que dejó su puesto para ser educador, por petición propia. No se si será cierto, pero según algunas habladurías que se oían por el centro, el motivo de esa solicitud de traslado fue que no estaba de acuerdo en cómo se solucionaban las incidencias allí. Acabado mi periodo en ese centro meses después, yo también pienso de la misma manera que él, si es que fue ese el motivo por el que pidió su traslado.
A partir del tercer día de trabajo es cierto que varios compañeros me miraban mal, no me hablaban o incluso cuando me lo hacían era de malas formas. Por supuesto, la mayoría de ellos, al menos los buenos profesionales, me daban su apoyo en lo que hice. Tengo que decir que, a excepción de alguna manzana podrida, los chavales están muy bien cuidados y atendidos. Quiero destacar a Carmen, gran compañera y profesional que me enseñó muchísimas cosas, en lo técnico y humano, de este trabajo, y en estos momentos sigue siendo amiga mía.
Del transcurso de mi estancia trabajando en este centro me llevé muchas cosas positivas: buenos compañeros, un gran aprendizaje en lo personal y por supuesto el placer conocer a estos chavales y poder haberlos cuidado como creo que se merecen, aunque hago un matiz en que las administraciones podrían poner más medios humanos para poder realizar más actividades con ellos.
Pero también me llevé alguna cosa negativa. Desde que denuncie a Sonsoles, tuve la sensación de que me podían despedir en cualquier momento. No sabría explicarlo bien ya que es una sensación provocada por inacciones de los responsables del centro. No vi ni sentí ningún apoyo de la dirección con la situación, sino más bien lo contrario. La responsable de residencia (RR), si no me informaron mal, había sido técnico y excompañera de Sonsoles. Cuando las veía hablar por las instalaciones, notaba cierta camaradería que a mi me inquietaba y me daba que pensar. Si eso era cierto, no creo conveniente que al subir de categoría sigas trabajando en el mismo centro, ya que eso puede ser un problema de neutralidad de un jefe hacia sus subordinados.
Otro motivo por el cual me sentí desplazado por los responsables de residencia fue la renovación de contratos de todos los compañeros técnicos que entraron al mismo tiempo que yo en verano. Éramos 6 o 7, y a todos ellos excepto a mí les renovaron el contrato hasta finales de diciembre. Cuando me vi en esa situación, fui a hablar con la RR. No me decía claramente si iba a seguir trabajando allí, ni el porqué renovaron a todos menos a mí. En otra visita a su despacho me dijo que probablemente tenía otro contrato diferente en la oficina pero no me lo aseguraba. En el ultimo día de mi contrato en septiembre, fui a la oficina y pregunté sobre mi situación. El administrativo me dijo que tenía un contrato preparado para empezar una semana después de acabar el primero. No lo entendí, pero imagine el motivo, y era que tal vez no interesan trabajadores que denuncian por escrito acciones de malos tratos. Tal vez sea una gran molestia para la reputación de alguien.
En esa semana que esperé a que me llamaran para firmar el nuevo contrato, tuve mis dudas de que fueran a hacerlo. Pero finalmente lo hicieron y trabajé hasta finales de diciembre. Tal vez se lo estaban pensando. Por supuesto, si no me hubieran hecho ese contrato, después de haber visto que renovaban a todos los demás, siendo yo el único que puso una denuncia de ese tipo, hubiera sospechado aún mucho mas, y lo hubiera movido por las oficinas centrales de Dependencia. Todo esto igual son imaginaciones mías, pero estas son las sensaciones que tuve y probablemente no esté muy desencaminado en lo que aquí escribo.
Curiosamente, conocí en persona a una funcionaria pública relacionada con el tema de la dependencia mientras trabajaba en este centro. Me contaba que querían humanizar los centros y residencias de ancianos. y hablábamos sobre el tema de las habilitaciones que entrarían en vigor en el año 2018 para poder trabajar en cualquier centro estatal. Lo que verdaderamente me llamo la atención de ella es que, cuando le conté lo que me había pasado en este centro, y una vez acabado mi segundo contrato, comentándola que estaba pensando en llevar la denuncia a dependencia para averiguar que repercusiones hubo para Sonsoles, ella me dio a entender que no lo hiciera. Me daba a entender que si lo hacía, no me llamarían de ningún centro de personas con discapacidad. Si lo dejaba así, podía probar en otros centros , que había muchos. Añado aquí todo lo que me contó esta funcionaria a todo lo que yo había imaginado sobre los responsables del centro en el que yo trabajé, y tengo mis conclusiones mucho más claras, quien lea esto también las tendrá.
Experiencia personal mía en otro centro de personas con discapacidad física e intelectual diferente al anterior de la comunidad de Madrid,(VIVIDA EN SEGUNDA PERSONA) Agosto 2020.
A finales de Julio empiezo a trabajar en este centro terminando mi contrato el 31 de agosto, mi categoría es de auxiliar de control en el turno de noche por lo tanto no tengo trato directo con ningún usuario del centro, mi tarea consiste en controlar el registro de salidas y entradas de los trabajadores, proporcionar material, atender al teléfono y estar pendiente de solucionar y apuntar cualquier tipo de incidencia que se pudiera producir.
Este mismo mes comienzan a trabajar en mi mismo turno varias personas nuevas con la categoría de técnico auxiliar, es una de ellas la que me contó en persona lo que a continuación voy a describir, también me enseño las denuncias escritas por la dirección de el siguiente contenido que relato
El día 21 de agosto dicha técnico, llamémosla «Angelita», coincide con el técnico que llamaremos «Demonio» en el mismo modulo,(son 3 módulos en total y cada noche hay 2 auxiliares por cada uno), a las dos de la madrugada Demonio se acerca a la sala de convivencia donde se encuentra angelita y sin apenas conocerla lo primero que le dice es: «¿sabes contar?» ella contesta «si» y la dijo «no cuentes conmigo hasta las 6 y media».
Esa misma noche sobre las 4 de la mañana Angelita escucha chillar a un usuario en una habitación, ella va atenderle y se lo encuentra hecho un ovillo en el borde de la cama, pegado a la barandilla que en este caso no la tiene pautada, el chaval esta empapado y asustado, Angelita al no poder contar con Demonio despues del comentario que le hizo horas antes y que además se encerraba en alguna habitación a dormir acompañado de algún otro usuario y con la puerta cerrada, intenta bajar las barandillas para hacerle el cambio de pañal y de cama, con el ruido de estas se despierta Demonio y aparece en la habitación, le pregunta de malas formas a Angelita que esta haciendo, Demonio baja las barandillas de golpe, levanta al usuario de la cama bruscamente y le propina 3 fuertes golpes en la nuca al mismo tiempo que le grita y le habla de forma despectiva, en ese momento Angelita se quedó bloqueada, es su primera experiencia en un centro de esta índole y Demonio lleva lustros trabajando con personas discapacitadas y probablemente se crea que es intocable haga lo que haga.
Mientras realizan el cambio de pañal de las 6 de la mañana un usuario distinto al anterior se levanta de la cama y se dirige al a control del modulo, coge 2 galletas que había allí, Demonio se dirige hacia el, lo dirige a su habitación zarandeándole bruscamente, lo empuja y cae encima de la cama, al mismo tiempo le llama («Hijoputa»).En otro momento de la noche Angelita ve como sale Demonio de una habitación con usuarios durmiendo en ella subiéndose el pantalón, cuando Angelita me contaba todo esto me dijo también que ella tenia la sensación de que Demonio estaba bebido.
El día 23 de agosto vuelven a coincidir Angelita y Demonio en el mismo modulo, nada mas verse el le dice a ella refiriéndose al la noche anterior que sea la primera y ultima vez que hace un cambio de pañal a las 4 de la mañana.
Este mismo día Angelita presencia como Demonio levanta a otro usuario para hacerle el cambio de pañal, (este usuario como muchos otros, en su día a día se suele tirar al suelo para recostarse en colchonetas).Tras cambiarle el pañal se echo al suelo y acto seguido Demonio le da patadas continuadas para que se suba a la cama mientras le insulta («hijoputa, cabrón»).
Angelita me contó lo que había ocurrido con Demonio la primera noche que coincidí con ella trabajando, escuchando todo lo que me contaba en ese momento yo le comente mi experiencia personal en otro centro de la comunidad de Madrid cuando fui yo quien vivió una experiencia similar aunque no tan dura como la de ella, la propuse escribir yo en ese mismo momento esa incidencia completa en el libro de control del centro, ella quería denunciar pero tenia alguna duda de como hacerlo, finalmente no llegue a escribirlo por esas dudas que ella tenia y mas cuando yo le conté que no vi ningún apoyo por la dirección y responsables del centro donde yo denuncie a una mujer años atrás.
Finalmente Angelita decidió contar todo a la directora del centro, su denuncia fue escuchada y puesta por escrito en el centro de trabajo por varias personas, el psicólogo, subdirectora y directora, se podría decir que se llevaban las manos a la cabeza y daban todo su apoyo a Angelita, comentaban que esa persona no volvería a trabajar en ese centro y que tomarían las medidas necesarias para ello, tras esta reunión ella me contó como fueron sus sensaciones ya que ella sabia de mi experiencia y el nulo apoyo que tuve yo cuando pase por una situación parecida en el otro centro, yo personalmente tenia muchas dudas de que fueran a hacer lo correcto pero por suerte parece que a partir de esa reunión todo se estaba moviendo para inhabilitar a Demonio.
Trascurrida esta reunión, los días posteriores los responsables del centro empezaron a hablar con todos los trabajadores de la noche, al igual que me paso a mi muchos de ellos apoyaban a Demonio y el resto no sabia nada o no querían saber, excepto 2 personas, una técnico del turno de noche y otra del turno de tarde, llamémoslas Nefertiti y Cleopatra. Las dos dieron un testimonio de lo que ellas habían visto en su turno de trabajo, también por escrito.
Nefertiti: trabajadora del turno de tarde coincidente con Demonio en el cambio de turno, cuando Demonio llega los usuarios ya están en su mayoría dormidos o acostados, ella ve como el enciende todas las luces de las habitaciones y sube todas las barandillas aunque no estén pautadas a los usuarios, acto seguido coloca las camas de tal manera que ningún chaval pueda salirse de la cama si se despertara, Nefertiti escucha esas acciones a diario ya que Demonio ni se molesta en quitar el freno de las ruedas de las camas y hace un ruido que se escucha en todo el modulo, aunque Nefertiti no coincide en el mismo turno que demonio, ella suele quedarse unos minutos despues de acabar su turno, una noche de este mismo verano, tras oír unos ruidos va a echar un vistazo a una habitación, el usuario estaba arrinconado entre la pared y la cama, colocada de tal forma que no tenia ninguna salida y las barandilla subida. Parecen claras las intenciones de Demonio, debe colocar a todos los usuarios a su conveniencia para poder dormir mas tranquilo, sin preocuparse de que ningún usuario se pueda mover de su cama si se despierta, si yo me equivocara en esta conclusión solo me viene a la cabeza otra cosa por la cual se encerraría en una habitación con los usuarios, prefiero no describirla pues me parecería muchísimo mas grave y no hay pruebas ni testigos de ello.
Cleopatra: La noche del día 31 de agosto cleopatra se dirige al modulo donde esta Demonio y su compañera, la cual llamaremos Cruela, Cleopatra es técnico auxiliar de enfermería y tiene que hacer un cambio de colostomía a un usuario, Cruela le dice a Cleopatra que no entre al modulo por que a dicho usuario le acaban de limpiar y cambiar,, ella insiste y entra a la habitación, se encuentra al chaval totalmente empapado y deduce sin sin ningún tipo de duda que Cruela la había mentido, Cleopatra pide ayuda a Demonio para realizar el cambio y este se niega a hacerlo con la excusa de que estaba cenando.
Cleopatra se dirige a otra habitación tras oír unos quejidos de otro usuario, al entrar se lo encuentra empapado y sentado en una esquina de la cama, ninguno de los 2 había sido cambiado.
En el mes y unos días en los que yo estuve trabajando en este centro y al mismo tiempo coincidí en jornada laboral con Demonio y Cruela, fui en varias ocasiones pasadas las 12 de la noche, a esas horas todos los trabajadores habían hecho su primera ronda de cambios de pañal y solucionar cualquier circunstancia que se hubiera podido producir con los usuarios, la mayoría de compañeros del turno se reunían a conversar, tal vez a cenar o simplemente estar acompañados, lo cual a mi no me parece mal siempre que se haga bien el trabajo y este todo controlado, en ningún día de los que yo me acerque a hacerles una visita y estar un rato con ellos vi en el grupo a Demonio.
Terminado mi contrato Angelita me iba contando periódicamente las consecuencias que estaban ocurriendo despues de haber denunciado a Demonio, aunque ella no lo decía abiertamente a los compañeros de la noche, ellos ya sabían quienes habían sido, la dirección del centro habló con todos los trabajadores del turno de noche, algunos niegan que Demonio haya hecho cosas así comentando que a veces es un poco brusco, otros no saben nada y tal vez sea cierto o tal vez no quieran tener problemas con Demonio y demás compañeros, la directora la subdirectora hablan a menudo con Angelita sobre lo que van averiguando y ellas mismas reconocen que varios compañeros le están tapando.
Angelita termino su contrato el 15 de septiembre y hasta ese día se sintió desplazada del grupo, escuchaba cuchicheos entre compañeros, la hablaban lo menos posible y cuando lo hacían era con un tono de desprecio, se sentía triste, estaba nerviosa y tenia ansiedad, yo tuve sensaciones parecidas cuando yo denuncié a una persona por malos tratos y la entiendo perfectamente.
Cleopatra sigue trabajando en el mismo turno y le ocurre lo mismo que a Angelita, esta estresada, nerviosa y se siente desplazada, cuando Angelita trabajaba, Cleopatra tenia en ella un apoyo ahora cada noche se enfrenta ella sola a esta situación. En mi humilde opinión, si una persona que denuncia a otra por malos tratos a algún usuario se encuentra en esta situación de estrés y desplazamiento por parte de algunos compañeros es consecuencia de que algo no se esta haciendo bien.
La confirmación de que en este caso el centro estaba haciendo lo correcto para impedir que Demonio volviera a trabaja en este centro fue cuando la Directora en persona y acompañada de angelita fueron a denunciarle a comisaria, las tomaron declaración, en esa declaración angelita observo que cuando la directora hablaba con la policía, daba a entender que algún trabajador mas y tiempo atrás, los cuales ya no trabajaban en esos momentos en el centro se habían quejado de las maneras y formas de tratar a los usuarios por parte de Demonio, aunque ninguno lo denuncio por escrito.
Una vez denunciado, la policía fue a tomar declaración a Demonio en el mismo centro de trabajo, sin entrar en detalles lo que pasó es que fue suspendido de empleo y sueldo por parte de la Comunidad De Madrid y le pusieron una orden de alejamiento de 200 metros respecto al centro de trabajo. A finales del mes de octubre se celebró la vista de este caso en los juzgados, fueron a declarar lo que vieron angelita, cleopatra, nefertiti y otra compañera mas desconocida por todos nosotros hasta ese momento que también vio malos tratos hacia los usuarios, a dicha vista únicamente acudió el abogado de Demonio, desconozco si fue por voluntad propia o no.